En la pared de mi baño veo el cadáver
De una mosca perfectamente aplastada.
Les indica al millón y medio de las otras
Que en mi reducido e infinito refugio
También caen algunas de ellas
Aunque sean muchas.
Y la labor de defensa y dignidad
(¡No me camines por la cara!
¡y menos si estoy sudando!)
Lleva la vida entera.
No importa el resultado
Importa la vocación
Ya lo sabes,
Homo Neolíticus
Asesino.
No me importa que seas quien seas
y el millón y medio de moscas.
Me opondré a ti.
Siempre.
En un punto del mundo estoy vivo. Sé que estar vivo es un esplendor, un estallido de conciencia asumiéndose a sí misma. Es la Aventura Primigenia. La que acompaña a los procesos cósmicos. De eso se trata estar vivo. De verdaderamente saberlo. Este pasmo inicial que fue nacer, en mí, se fue convirtiendo en deslumbres y terrores múltiples. La ancestral lucha de la concienia del Ser, por autoafirmarse frente a Poderes infinitos que prolaman su nada. Todo eso. Y la Presencia Omnipresente del Padre.
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