5 de enero de 2011

El verdadero rostro de cervantes

No se tiene, más que en apócrifo el rostro de Cervantes
Y el saberlo confirma el desinterés que siempre has sentido
Por ese hombre que mira de reojo y no es Cervantes.

Miguel sabía reírse. Pero atención, de una forma distinta
A como se carcajea el hombre que preserva con orgullo
Su porción de bruto. No, Cervantes descubrió
una dulzura y un placer que nacen del infortunio
que se llama vida humana; que se llama nacer y ser pobre
que se llama ser noble y ser traicionado; que se llama
ser valioso y ser tratado como paria; que se llama ser inteligente
más aún, ser un genio y que todos se burlen en tu cara.

Todo esa amargura descomunal  -no olvidemos sus cinco años y
Medio de esclavo en Argel-  la supo transmutar en refinamiento
Sabio y en dulzura sonriente, es decir: en humorismo. Y al hacerlo
Inauguró un camino de luz para los hombres de Occidente.

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