La primera vez que vi a Santiago me impactó
Sin más razones que su simple presencia.
Estaba brincando de frío en la punta del malecón de la Playa de Tampico
En traje de baño, sonriendo, con los ojos brillantes, era el único ser humano
Que estaba ahí para saludar las ráfagas furiosas de un vendaval
Que entraba al Puerto. No tenía la menor idea de quien era
Mi esposa Rosa María y yo también queríamos saludar al Norte
Pero habíamos ido en nuestro carro bien cerrado…
Cuando vi a Santiago, sin protección alguna, brincando gozoso
Sentí respeto y envidia de su valor. Ahora que escribo esto
Ahora que ya sė que voló con el Gran Soplo del Espíritu de todo el Universo Entiendo que fue un signo poderoso el verlo ahí, jugando con el viento
Pues ėl fue el primer sacerdote que encaró de frente el Gran Reto
Que fue la Renovación en el Espíritu Santo sobre Tampico y Cd. Madero.
El primero que nos abrió las puertas de la Iglesia Católica en la Diócesis
Y fue un pastor que nos dio su corazón y nunca nos dejo afuera.
Santiago más que con la boca, hablaba con los ojos
Al menos eso es lo que mejor recuerdo de ėl: el poder de sus ojos
Un brillo deslumbrante que podía comunicar pasión y dulzura
Pero también el brillo de los ojos de Jesús
Cuando corrió a los mercaderes del Templo.
Formado en la lógica y la erudición, se acercó a nosotros para educarnos
Para protegernos del fundamentalismo siempre acechante
Pero al darnos ese don, descubrió que el fuego del Espíritu era verdadero
Y tuvo la autenticidad y el valor de dejar que su corazón ardiera
Con un fuego bendito que trajo a su vida una nueva oración
Y una nueva fraternidad que hizo posible el milagro de la multiplicación
De hermanos: durante años, miles y miles de laicos fuimos sus hijos
En el Espíritu Santo. Durante años y años fue nuestra torre firme
Nuestra protección y nuestra guía. Santiago Mercier, ahora que tu espíritu sonríe libre en la culminación de tu fe
Recibe este ramillete de miles de oraciones de los que tuvimos la bendición
De ser tus hijos y tus hermanos bien amados. Y ruega, como antes
Ahora y siempre, por nosotros, para que tengamos el amor que tuviste
Y sigamos tus pasos, hasta encontrarnos todos, en el Amor Perfecto
Del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amen.
Admito una vocación inagotable hacia Pessoa. Acepto el calidoscopio de su paradoja como el Laberinto donde quiero enfrentar al monstruo, o encontrar un hilo de oro.
En un punto del mundo estoy vivo. Sé que estar vivo es un esplendor, un estallido de conciencia asumiéndose a sí misma. Es la Aventura Primigenia. La que acompaña a los procesos cósmicos. De eso se trata estar vivo. De verdaderamente saberlo. Este pasmo inicial que fue nacer, en mí, se fue convirtiendo en deslumbres y terrores múltiples. La ancestral lucha de la concienia del Ser, por autoafirmarse frente a Poderes infinitos que prolaman su nada. Todo eso. Y la Presencia Omnipresente del Padre.
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