Mostrando entradas con la etiqueta Pessoa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pessoa. Mostrar todas las entradas

17 de julio de 2012

CALEIDOSCÓPICO PESSOA


Pessoa nos hace comulgar con la integralidad explosiva de la imaginación conquistada; y nos proyecta, sobre todo, hacia un futuro en donde la conciencia recuperará el libre vuelo de la imaginación.


A veces, la crítica literaria olvida la dimensión filosófica de la obra literaria; enfatizando las cualidades meramente artísticas (Y no me refiero a aspectos temáticos, sino al ser mismo de la obra; a su condición de catalizador de procesos integrales en el ser humano). Sin embargo, el verdadero valor del Arte es ser una experiencia metafísica.


La extraordinaria riqueza literaria de la obra de Pessoa,  paradójicamente, ha "ocultado" la trascendencia metafísica de su empresa. Si bien es cierto que su obra es caleidoscópica , no lo es menos que el caleidoscopio es uno. Con una particular forma e intensión de ser caleidoscópico. El máximo reto que plantea la Galaxia Pessoa, es su captación unitaria.


No creo que se pueda destazar las etapas e influencias de Pessoa, como si fueran instancias que se agotan en sí mismas. No creo en una maduración de descarte. Creo en la suma simultánea permanentemente actualizada de misticismos diversos.


La conciencia se expande en círculos con-céntricos; de tal forma que lo primero no se deshecha, sino que sirve de fundamento. Hablar así, que Pessoa "pasó" del "Paulismo" al "interseccionismo", por ejemplo, es un desenfoque.

17 de marzo de 2011

Pessoa por el mismo

De todos los enfoques que permite -o exige- la obra caleidoscópica de Pessoa, el que me parece mas justo, mas digno del vértigo imaginativo que lo caracteriza, es aquel que rescata el triunfo de un fracaso, que nunca deja de serlo; y que consiste en el inacabable perfeccionamiento literario de la profundización de una tragedia que, simultáneamente se desenvuelve hacia dos extremos antitéticos: la desolación monumental de la mayor derrota existencial posible, y la deslumbrante glorificación de una conciencia que se pule a si misma en la magnificación poética de su imaginación. Esa es la magia paradójica suprema de Pessoa: Ser un genio que se sabe un fraude existencial, al mismo tiempo que es un fraude existencial que no deja de ser un genio.

Creo que este vértigo metafísico esta llamado a ser uno de los fundamentos insuperables dentro del proceso evolutivo del neo humanismo:

El desarrollo del poder máximo del hombre: LA IMAGINACION; sobre el podio de su máxima debilidad: LA CONCIENCIA DE SER. La fusión reconciliadora entre fragilidad y omnipotencia.
(Nota del 15 de diciembre del 2008, volando de regreso de El Grullo)

“Así paseo lentamente mi inconsciencia consciente (…). Así paseo mi destino que anda, pues yo no ando; mí tiempo que sigue, pues yo no sigo. No me salva de la monotonía sino estos breves comentarios que hago desde sus alrededores. (…), la casa donde vivía es habitada por no-el.” (p. 130)

“Si yo fuera otro, pienso, este seria para mi un día feliz, pues lo sentiría sin pensar en el. (…) Como, sin embargo, soy yo, disfruto un poco lo poco que es imaginarme ese otro (…), esa alegría humilde y humana de existir como animal en mangas de camisa.” (pp. 130-1)

“Hay un contraste excesivo entre la vida exterior que rebosa y lo que siento y pienso, sin sentir ni pensar: el cadáver perennemente insepulto de mis sensaciones.” (p. 131)
EL YO “ORTÓNIMO” DE PESSOA COMO OTRO HETERÓNIMO
El yo movedizo de Pessoa, cambiable e inasible
Llegó al punto de concebirse “muchos”: y nacieron los heterónimos.
A partir de ahí, el yo nuclear primero se fragmentó para siempre.
Es sumamente difícil y quizá imposible sobre todo para el mismo Pessoa
Poder decir quién de sus voces no es un heterónimo, dado que
La voz resuena en un ámbito rodeado de una conciencia múltiple.

6 de enero de 2011

Pessoa for ever

En un primer plano obvio, Pessoa exploró el fracaso
Con lo más osado y libre de su imaginación.
Le cambió tantas veces de signo, como le fue posible
Lo pulió hasta la exquisitez más atroz
Lo consagró como un altar siempre cambiante e inexorable
Y como una piedra al pozo se dejó caer en él hasta la muerte.

Ahí

Su nada se volvió fuego en el aire
de los libros y los sueños

La paradoja suprema de Occidente

El pesimismo más fértil del Planeta.


Un solitario y nimio rayo de Luna
que deslumbra como un Sol al mediodía.